lunes, 22 de febrero de 2016

La increible resurreción de la Marquesa de Almarza

Conocida en vida por su generosidad, esta piadosa mujer se gano el cariño de los mas necesitados llegando de esta manera a ser querida y respetada por la población salmantina de la época, especialmente entre los menos favorecidos.


Palacio de San Boal, lugar de los hechos


María Manuela de Moctezuma Pacheco Nieto de Silva y Guzmán, V marquesa de Almarza, X marquesa de Cerralbo, XI marquesa de Flores Dávila y V condesa de Alba de Yeltes es encontrada muerta en el año del señor de 1768.
 
Las puertas del palacio se convirtieron en un hervidero de multitudes cuando la noticia corrió por las calles, aquel Trending Topic de la época congrego a tal cantidad de gentes que se hizo imposible el traslado de la amortajada hasta la vecina iglesia de San Boal, lugar donde se debía de oficiar el funeral, de esta manera, el traslado se realizo a través de un pasadizo clandestino que comunicaba la referida iglesia con el palacio donde años después se hospedaría el Duque de Wellington.
 
Como era costumbre velar el cuerpo de la difunta, se designo a un sacristán de la mencionada iglesia para tal fin y en el transcurrir de la soledad de esa noche, el sacristán fija su mirada en la mano de la difunta, concretamente en un magnifico anillo que le podría reportar una considerable remuneración, así ni corto ni perezoso y ante la ausencia de miradas delatoras, el infeliz forcejea con los dedos de la difunta cuando para su sorpresa esta se incorpora del féretro, ante lo cual despavorido, el ladrón huye entre gritos que despertaran a los criados de la Marquesa que incrédulos y atónitos asisten al milagro de la resurrección de su señora.
 
Ni que decir tiene que el rumor se extiende rápidamente por la capital charra, generando de esta manera "la leyenda de la resurrección de la Marquesa de Almarza"
 
Hoy en día conocemos la "catalepsia" como el fenómeno que simula los síntomas de la muerte en las personas, sin embargo, ese intento de hurto libro a Doña María Manuela de ser enterrada viva ante lo cual la mujer agradecida dono una pensión vitalicia que el sacristán disfruto el resto de sus días.
 
 


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